Venganza inesperada (corresponde al 20/5/2013)
La ocasión la pintan calva y si no quieres sopa toma dos tazas quizás podrían explicar lo que me ocurrió. Siempre se habían metido conmigo por cosas tontas. Debido a que ellos eran más y más corpulentos no gastaba el tiempo en romperme la cara contra sus nudillos. Formaban una banda que se encargaba de ofrecer sus servicios de seguridad a los comerciantes de la zona, traficaban con droga, armas, mujeres y casi cualquier cosa ilegal. El grupo está compuesto por siete tíos a cual más musculoso. Su jefe es un tipo delgado y feo llamado Mateo. Tienen su sede en un bar llamado Magali. Suelen frecuentar un pub llamado Napoleón que es donde yo me los encuentro y ellos se meten conmigo. No desisto en seguir visitando el pub porque la mayoría de mis amigos también van allí y porque voy detrás de una camarera a la que estoy a punto de camelarla. Mis amigos me han dicho y alentado para que cambiemos de pub pero yo no me arredro tan fácilmente. Yo nunca les he hecho nada no sé porque la tienen tomada conmigo. El día en cuestión empezó como otro cualquiera. Llegamos y entramos en la terraza interior. Fui a pedir la primera y de paso a soltarle alguna gracieta a la camarera a ver si me seguía el juego. La hice reír. Cuando me sirvió volví con la ronda a la mesa que habían pilado mis amigos. No hicimos nada especial. Los matones no habían llegado aún. Después de otra ronda más entramos al interior. Pedimos una tercera, como conocíamos al pinchadiscos que estaba esa noche nos colocamos al lado de la cabina. Al rato entraron los matones con cara de malas pulgas. Yo no los vi venir pero si que los noté pues cuando llegaron a mi lado me golpearon descuidadamente tirándome el vaso. Yo me volví increpándoles antes saber quién había sido. Uno me dio un golpe que hizo trastabillar y caer de bruces. Antes de que me diera tiempo a levantarme uno de los gorilas del local me recogió y me sacó a la calle. Me dijo que no querían problemas así que por hoy había acabado la velada en el pub. Mis amigos salieron y se quejaron pero como la cosa no iba con ellos les dije que volvieran a entrar y se divirtieran, yo me iba a mi casa que mañana tenía que jugar al pádel temprano. Tenían tan atemorizados al personal que osaban dejarse los coches abiertos como signo de poder ya que nadie se atrevería a robárselos. El alcohol me daba valor como a todos los cobardes o precavidos y cuando sus coches a la vuelta de la esquina fuera de la vista de todo el mundo se me ocurrió un maldad, dejarles un paquete que solo yo podría dejarles. Entonces vi las llaves puestas en espectacular Mercedes CLS. Y cambié de opinión.