Emboscada
Había algo así como un proverbio chino o a lo mejor era El Arte de la Guerra de Sun Tzu que decía que para ganar a un león hay que sacarlo de su territorio.
-¿Quién se creía que era ese niñato? Yo soy el dueño de la ciudad y a mi nadie me tose. – grita con una sonrisa en la boca.
-Señor, le ha dado una lección que no olvidará.
-Hay que dar más lecciones como la de ayer, los jóvenes cada vez me tienen menos respeto.
-Llamare a la banda. Les diré que se den un paseo y nos traigan a los más conflictivos.
No sabía lo que tenía que hacer pero sabía que la cosa no quedaría así. Le había pedido tiempo, le había pedido clemencia, había rogado, había suplicado pero todo había sido inútil. Le estaba ofreciendo un buen trato para ambas partes y en vez de acceder hizo que le pegaran una paliza para luego dejar en la calle a toda su familia. Necesitaba enseñarle que él no mandaba en esa ciudad, que los días de tiranía donde todo el mundo hacía lo que él decía habían acabado. Él no tenía dinero pero tenía amigos.
Esperó a que entrara la rubia para entrar. Sus curvas eran peligrosas que las de un circuito de formula uno. Los tres mecánicos del taller de reparación de automóviles así lo atestiguaban con sus miradas. La chica entró en la oficina del taller contoneándose. Entonces él sigilosamente se coló en el taller y se acuclilló detrás de un coche. Su objetivo estaba con el camino libre para salir sin problemas. Se colocó entre dos coches, miró a los mecánicos que seguían mirando a la chica. Nadie se había dado cuenta de que se había metido en el taller. Llegó al coche que quería llevarse. No estaba cerrado con llave. Tiró de la manilla y la puerta se abrió con un sordo ¡blop!. Seguían sin darse cuenta. Estaba dentro del coche pero en el asiento del copiloto. Cerró la puerta con cuidado para que hiciera el menor ruido posible. Intentando levantarse lo mínimo pasó al asiento del conductor. Metió la llave. Antes de apretar el botón de encendido metió la primera. Giro ligeramente el volante y apretó el botón de encendido. Cuando el motor se encendió, se colocó erguido en el asiento y acelerando soltó el embrague. El coche salió a toda velocidad. Solo tuvo que hacer un par de giros del volante para sortear el coche que tenía delante y estaba en la calle. Los mecánicos se sorprendieron pero cuando quisieron reaccionar el coche ya se había marchado.
continuará...
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