Blogia
Ediciones de la Ceniza

Moros y cristianos

Imagino que cuando pase el tiempo y se hayan restañado lo suficientemente las heridas alguien hará una película de esto. No sé como lo contaran pero esta es la historia como yo la viví.

Todo empezó el primer día y no supimos atajar el mal a pesar de estar advertidos. El primer día de las fiestas de moros y cristianos de mi pueblo surgieron los rumores. En periódicos, telediarios salió la noticia de que habían robado un medicamento experimental y se alarmaba a la población para que no consumiera ningún tipo de droga porque se tenía la perspectiva de que había sido un cartel de la droga para cortar cocaína. Como siempre los ciegos no ven sin tocar. Nadie hizo caso como se vio por las repercusiones posteriores. En la retreta que daba comienzo a la fiesta hubieron los primeros desfallecimientos. Se les atribuyó a comas etílicos. Sin embargo las alarmas subieron de intensidad. La policía visitó todos los garitos de los festeros, pubs, bares y discotecas haciendo redadas como nunca se habían hecho. No se andaban con contemplaciones, fueron todo lo exhaustivos que pudieron pero como no tenemos la ley patriótica, a Dios gracias, no pudieron entrar en las casas y haber tenido mayor seguridad. Solo encontraron algo del alijo en la casa de un par de los camellos habituales. La policía se reforzó con más del doble de los integrantes que habitualmente suele tener en fiestas. La gente empezó a preocuparse pero por desgracia no del todo. Al día siguiente ya se hablaba de un centenar de casos pero no se especificaba de que enfermedad se trataba. Se suspendió la desfile que se debía celebrar por la tarde. Y se conminó a la gente a no salir de sus casas. La gente no hizo caso. Al tercer día se habían quintuplicado los casos y se decretó el estado de sitio con toque de queda incluido. Nos comunicábamos por móvil sobretodo para intentar averiguar que estaba ocurriendo puesto que la policía patrullaba por la ciudad y detenía a cualquiera que viera por la calle para ponerlo en cuarentena en el colegio más grande de la ciudad sin explicar nada. De día repartían raciones liofilizadas del ejército para quien se hubiera quedado sin comida. En principio pensábamos algún tipo de gripe con vocación pandémica mundial. Y hablábamos con sorna de la gripe aviar, porcina, vacuna, bovina, caprina y hasta lanar. Hasta que la policía desapareció, nos encerraron en nuestra propia ciudad y aparecieron los primeros caminantes.

continuará...

0 comentarios