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Ediciones de la Ceniza

Musa

Siempre he creído que necesitaba una mujer frágil para salvarla y me ayudara a creer en mi pero realmente necesitaba una mujer frágil para salvar y que me ayudara a salvarme a mi.

Vivía en un pequeño estudio. Había decidido que me daría de tiempo hasta que acabara con mi dinero para hacer una obra cultural ya sea en literatura, cine, escultura, música o pintura. Pero hasta el momento no había conseguido nada. Me había traslado a la ciudad, yo vivía en pueblo. Había alquilado el estudio donde vivía para intentar conseguir que alguna musa me encontrara y me bendijese con su iluminación. Hasta el momento nada de nada. Según mis cálculos tenía un mes más para sobrevivir con el dinero que me quedaba. Había asistido a algunas clases de creación literaria, de pintura y escultura. Me había comparado una cámara digital y un set completo para pintar. Sin embargo no había conseguido nada.

Todo había empezado una noche en que tuve un sueño o más bien una pesadilla donde moría. Al principio no le hice mucho caso, luego pensé que si algo me pasaba no dejaría nada en el mundo para que la gente me recordara. Así que pedí una excedencia en el trabajo de cinco meses por estrés. Me trasladé a la ciudad y me puse manos a la obra, nunca mejor dicho. Pero nada de nada. Cuando le conté a un par de amigos mi idea todos pensaron que era una crisis porque hacía poco había dejado a mi novia de toda de la vida. Nadie me creyó.

Como hacía todas las mañanas después de vestirme, bajé al bar donde desayunaba. Tomé mi chocolate con churros y volví al estudio. Estuve delante de un lienzo en blanco, con un carboncillo en la mano y sin hacer un misero garabato. Para comer me preparé un bote de albóndigas con guisantes. De postre tomé un flan de café. Leí un rato hasta que me quedé dormido, me pegué dos horas de siesta. Volví al lienzo, apenas dibujé la silueta de lo que yo pretendía que fuera una mujer pero que apenas era un dibujo informe. Abatido me di una ducha y salí a cenar. En la ciudad no tenía amigos había decido concentrarme en crear mi obra de arte. Salía a cenar de vez en cuando por ver si me inspiraba la gente o el ambiente de la ciudad, tomaba unas copas y volvía al estudio con apenas contacto con la gente. Fui a un turco me zampé un dorum mixto con patatas fritas y una cerveza. Después me acerqué a un pub irlandés que se encontraba a pocas calles de mi estudio. Tomé un par de guinness haber si me ayudaba a liberarme de mi bloqueo. Volví al estudio. A dos portales del mío había una chica sentada llorando. Me acerqué y le dije si estaba bien. Entre lloros me dijo que la vida era una mierda. El resto que me contó me resulto ininteligible porque los lloros habían subido de intensidad. Le dije que vivía en la siguiente puerta, si quería subir y tomar algo caliente, hacía frío y lo único que podía conseguir era un constipado. Dejándose llevar la cogí del brazo y la subí a mi estudio. Le hice un café. Le pedí  que contara lo que le pasaba más pausadamente. De repente se fijó en el lienzo y preguntó si era pintor. Yo azoradamente le conté mi misión. Sin pensárselo su desnudó y me dijo que sería mi modelo.

Había llegado mi musa…

 

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