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Ediciones de la Ceniza

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Está aventura continua en bevilaqva.obolog.es ...

Huésped - Casona Polvarado parte III

Huésped - Casona Polvarado parte III

Huésped - Casona Polvorado parte II

Huésped - Casona Polvorado parte II

Huésped - Casona Polvarado parte I

Huésped - Casona Polvarado parte I

Huésped - Villa Aliena parte III (4/5/2014)

Huésped - Villa Aliena parte III (4/5/2014)

Huésped - Villa Aliena parte II (3/5/2014)

Huésped - Villa Aliena parte II (3/5/2014)

Huésped - Villa Aliena parte I (2/5/2014)

Huésped - Villa Aliena parte I (2/5/2014)

Huésped - prólogo (día 1/5/2014)

Huésped - prólogo (día 1/5/2014)

Una historia por día 2014

Una historia por día 2014

Día trabado (corresponde al día 31/5/2013)

Tengo tantas historias para contar que ahora no me sale ni una palabra. Sacó el cuaderno del bolsillo de la chupa de cuero. Lo abro por la última página utilizada. No llego a terminar ni siquiera una oración, cierro el cuaderno. Voy a salir a dar una vuelta para inspirarme. Callejeo sin parar. Mis pasos me llevan a la biblioteca. Hojeo varios libros pero al final no escojo ninguno. Vuelvo a casa, me pongo a ver una serie que tenía un capitulo atrasado. Me tomo una cerveza mientras veo el capítulo. No encuentro la inspiración. Me desespero. No sé si continuar con las cervezas a ver si el alcohol me desinhibe. Salgo al balcón para relajarme mientras veo a la gente pasar además de acentuar mi lado voyeur. En el edificio de enfrente una chica se desnuda frente a la ventana, puedo mirar y admirar su bonito cuerpo sin que ella se dé cuenta o quiera darse cuenta como en la primera parte de Loca Academia de Policía.  Cuando termina de desnudarse se pone una camiseta larga y se sienta en un sillón a leer una revista de música. Después de solazarme con la vista no hay nada más destacable en la calle y vuelvo a entrar. Frustrado me voy a dormir al día siguiente. En la cama pienso sino debo hacer como Hemingway y vivir emociones fuertes que luego plasmar en negro sobre blanco. Escuchando la radio me quedo dormido. Por la mañana desayuno un café con leche con unas magdalenas. Me voy al parque a respirar aire limpio. Me siento en una de mesas que hay. Sacó el cuaderno y pruebo a escribir. Describo el parque, a la gente que pasa por allí pero no tengo ninguna historia que puede hilvanar con los personajes y el lugar. Voy a hacer unos recados para no pensar en mi bloqueo, para dar credibilidad ese aforismo de cuando no buscas una cosa la encuentras. Voy al supermercado que hay a la vuelta de casa y compro yogures, leche, pasta, plátanos, naranja, fresas, tomates, pan de molde y cerveza. Dejo la compra en casa y salgo de nuevo. Me dirijo a mi papelería habitual a comprar reservas. Cinco paquetes de papel, varios bolígrafos de diferentes colores, un par de cajitas de cartuchos de tinta para estilográfica de color negro y una caja de lápices. Cuando llego la chica del día anterior sale del edificio vecino. Meto las cosas en el maletero de mi coche que tengo aparcado en la puerta. Después la sigo…

 

Cambio de dirección

Había construir un nuevo equipo, la actual plantilla no sabía a qué jugaba. Pocos jugadores se salvaban. Para la mayoría ya había pasado su tiempo. Habían ganado todo lo que tenían que ganar y ahora solo estaban en el equipo para lucrarse económicamente. Lo peor de todo es que habían manchado a algunos de los jóvenes. El entrenador era también mayor, sin personalidad ni energías para llevar a cabo la reforma total que hacía falta. Para planificar el proyecto a largo plazo que comenzaba había que fichar a un entrenador joven que lo pudiera llevar acabo. Habían reservado la suite principal de uno de los mejores hoteles de la ciudad para la primera gran reunión que sentaría las bases de lo que esperaba fuera un gran proyecto que los devolviera a la elite. Sabía que a un equipo histórico como aquel no se le daban años de transición pero él no tendría prisa, es más lo pondría en conocimiento de los aficionados en la primera comparecencia que tuviera para el comienzo de la nueva temporada. Ya estaban negociando con varios entrenadores. El que le gustaba a él y al club en general era muy caro. Tenían a tres más que se adecuaban con sus posibilidades económicas. Uno era joven quizás demasiado inexperto para un trabajo así. Otro es irregular ha combinado grandes temporadas con otras pésimas, es una opción pero quizás necesitamos más estabilidad. Por último tenemos a un veterano que ha estado anteriormente en el club y ha hecho buenas temporadas pero sabemos si podrá realizar una reforma tan drástica. No sabemos a quién elegir. Al final no somos nosotros quienes lo hacemos. La piedra principal para el proyecto en cuanto a jugadores es un alero procedente de la NBA. Es un alero de estilo clásico, excelente tirador, buen pasador sin espectacularidades. Parte de nuestros movimientos han salido en la prensa. Desde las primeras conversaciones el jugador ha estado al tanto. El manager acababa de llamar que habría más facilidades para el fichaje sí el entrador era el joven. Bueno nos arriesgaríamos. Ahora había que decidir que jugadores del primer equipo iban a seguir. El comité técnico se encargaría de la criba. Dejaríamos al nuevo técnico que se encargara de quién subiría de los jóvenes del filial. Necesitábamos por lo menos siete jugadores nuevos más. Dos pívots, dos bases, un escolta, un alero y dos ala pívots. Ya teníamos avanzadas las negociaciones para fichar a cinco jugadores. El resto lo hablaríamos con el entrenador.

Oritum 6ª parte (corresponde al día 29/5/2013)

Estuvo dando vueltas sin parar. Pidió ayuda a los lugareños para que le indicaran donde podría encontrar al alquimista. Después de callejear durante un par de horas lo encontró. Vivía en choza de paredes de piedra y techo de paja. Se encontraba en las afueras del pueblo. Tenía una chimenea de la que salía una espesa humareda blanca. En el exterior había un carromato pequeño que podía llevar un hombre y un par de árboles. En la fachada había colgadas unas hierbas. Llamé a la puerta con los nudillos y di un grito. Del interior me anunciaron que ya salían. Cuando hablaban de alquimistas siempre me venía a la mente a un señor anciano, enjuto, de pelo y barba largos y grises, con una túnica hasta los tobillos y acompañado de un cayado. Lo que apareció fue algo totalmente distinto. Era de mediana edad, pelo más bien corto, barba rala ambos castaños, regordete, con pantalones y blusón de color marrón. Me preguntó que quería. Le enseñé la espada de sangre. Me dijo que pasáramos al interior, que estaríamos mejor. El interior estaba repleto de utensilios y tarros llenos de sustancias de las más diversas clases. En el hogar había una marmita con un líquido hirviendo.  El mobiliario estaba compuesto por un camastro, una mesa central redonda con tres sillas, un armario y un banco donde realizaba parte de la alquimia. Tan solo contaba cuatro pequeñas ventanas que apenas dejaban pasar la luz. La iluminación se completaba con una gran vela situada encima de la mesa y otra en el banco. Llevó la espada a la luz. Estuvo mirando detenidamente los grabados. Le verificó que la espada de sangre era auténtica. Según le contó tras la primera remesa habían hecho otra remesa de falsificaciones. Le dijo que él sabía cómo se realizaba el ritual para despertar la espada. Pero había un problema, no se podía realizar hasta la luna llena. Él dijo que no estarían tanto tiempo allí. Le pidió que le contara como tenía que realizar el ritual y ya se las arreglaría él para ejecutarlo la próxima luna llena. El ritual entrañaba un grave peligro ya que debía derramar su sangre en la espada. Mucha sangre. Así que a su lado tenía que tener un galeno a su lado. Le dijo que no se preocupara. Accedió a cambio de un cuantioso pago. Se lo escribió todo en un pergamino. Había hecho un gran avance.

La aventura 2ª parte

Le metió un puro tremendo. Ella le dijo que como siempre le daba esquinazo y nunca quería estar con ella, por eso decidió pasar a la acción. Así por lo menos estaría aunque fueran unas pocas horas a solas con él. Cabreado se marchó a alimentar la hoguera. Después se sentó dejando la hoguera entre los dos. Ella se desnudó y se bañó a la luz de la luna. Él no pudo por más que admirar la belleza de su cuerpo desnudo sin lugar a dudas la mejor obra de arte de la naturaleza como decía su padre. Cuando terminó se puso la túnica y se sentó a su lado. Ella le preguntó porque no la quería. Él dijo que la amaba pero sería muy duro para él cuando partiera en sus viajes dejarla. Ella le dijo que se iría con él a donde fuera sabía cocinar, no le tenía miedo a nada, era fuerte para ayudarles a cargar y descargar las mercancías. Pero y su familia cuestionó él. Ella le respondió que eran muchos hermanos uno menos que se ganara la vida por sí mismo sería un alivio para sus padres. No le quedaban más objeciones que hacer así que le dio un beso. Ella se tiró sobre él y rodaron hasta el agua. Entonces oyeron un gran rugido. Pararon y miraron en la dirección del ruido. Un gran tigre había aparecido del interior de la selva que cercaba la playa. El chico rápidamente se dirigió a la canoa a coger su espada. La chica lo siguió. Cogió la espada con las dos manos y puso dirección al animal. Era un diente de sable enorme, los ojos resplandecían de hambre y nosotros éramos su cena. La chica cogió una tea ardiente y siguió al chico. Valerio le dijo a Ruth que se marchara, que cogiera la canoa y se adentrara en el mar. Que se pusiera a salvo. Ella le dijo que no lo dejaría solo. Se lo pidió por favor pero ella no se arredró.  Paso a paso se acercaron, se pararon a unos cuatro metros. La bestia ni se inmutó. Ruth agitó la tea para intentar ahuyentar al tigre. En un principio continuó inmóvil. Valerio comenzó a rugir y el animal dio un paso atrás, luego otro y otro más. Se giró y desapareció en la selva. Aliviados se besaron de nuevo. Volvieron a la hoguera. Quedaron en hacer una guardia cada uno a lo largo de la noche para no llevarse más sorpresas.

Paseo infructuoso

Caminaba sin rumbo, sin dirección, No sabía dónde quería ir ni que quería hacer. Comenzó a llover, saqué la gorra de lana irlandesa de la bandolera y me la coloqué. No quería parar lo único que sabía era que necesitaba caminar. Me subí también el cuello de la casaca para protegerme todo lo posible. Al final claudiqué cuando estaba totalmente calado. Entré en un bar y pedí un café con leche. Me dirigí al aseo donde intenté secarme todo lo que pude con las toallitas de papel y con el seca manos de aire caliente. Algo conseguí. Por lo menos había dejado de tiritar. Recogí el café de la barra y me senté en una mesa. No quería pensar así que extraje de la bandolera mi ejemplar de Viaje a la Alcarria y me puse a leerlo vorazmente casi sin comprender las palabras fijándome solo en la pronunciación. Cada dos o tres páginas tomaba un trago del café. Cuando terminé con el café había terminado también de llover. Pagué y me fui. Seguí caminando sin parar sin destino. La cuestión era muy sencilla pero a mí me atribulaba en demasía. Miré la hora no era muy tarde, sin pensarlo dos veces decidí ir a la tasca donde habitualmente suelo cenar los fines de semana. Habían cerrado pero aún había mesas ocupadas tomándose los digestivos espirituosos. Llame a la puerta y me franquearon el paso. Pedí un macho de cerveza, capellán asado trinchado con tomates frescos, champiñón con salsa verde de tapas y un bocata de calamares a la romana. Todo lo devoré con ansia. Seguí logrando contener mis pensamientos. De postre tomé una tarrina de chocolate. Luego tomé un café solo y una par de caliches de licor de café con nata liquida. Empezaba a sentirme más sosegado. No había quedado con mis amigos y sabía sí habrían salido este viernes de todas maneras decidí hacer la vuelta que habitualmente hacíamos. Nuestra primera parada era en un pub irlandés. Le pregunté al dueño que estaba sirviendo también ese día y me dijo que no había visto a ninguno de mis amigos. De todas maneras me tomé un par de pintas de guinness mientras departía con él y la camarera a quién también conocía. Me despedí cuando estaban a punto de cerrar. Me dirigí entonces a la segunda parada, un pub donde solíamos acabar la mayoría de noches. Allí también nos conocían así volví a preguntar por el paradero de mis amigos, tampoco los habían visto. Me tomé un ron con cola en el patio. Hablé con algunos de los parroquianos que eran habituales como yo. Tomé otro ron dentro, cuando lo acabé me fui a casa.

 

Bar Serena (corresponde al día 26/5/2013)

Era una época de cambios para mí, quizás en otro momento no lo hubiera hecho pero en ese momento me pareció una idea acertada. A pesar de no ser un buen momento compré una casa. Era un primer piso. Lo que desconocía cuando lo compré es que venía acompañado de otro local. Lo adquirí porque pensaba que era una buena ocasión. Piso más trastero por un precio increíble. Pero el trastero no es lo que yo esperaría. Era un sótano de unos cincuenta metros cuadrados. Había unos bajos donde estaba localizado un videoclub de películas clásicas e independientes. Amueblé mi piso con mobiliario de segunda mano y de mis amigos que lo habían retirado. Así que apenas tuve más gastos. Con el trastero no sabía que hacer, no tenía pertenencias para ocuparlo. Pensé en alquilarlo como almacén para alguno de los comercios de la zona pero tampoco me convencía la opción. Un día que estaba en el llamado trastero caminando en circulando intentando dilucidar que hacer entró una chica, me preguntó por una esteticista que había en el edificio pero no era allí sino en la entreplanta. Me pregunto también sobre que hacía allí se lo conté. Me dijo que montara un bar de copas. Yo le dije que lo montaba si ella se asociaba conmigo. Me dijo que no la conocía para hacer algo así. Le respondí que me daba igual, ya que ella había tenido la idea, ella la desarrollaría conmigo. Aceptó. La forma del local era rectangular. La entrada era por el portal del edificio, decidimos cambiarla para no molestar a los vecinos. Había unos ventanales de un metro para darle luz. En el centro hicimos una entrada con una semi escalera de caracol de madera que me consiguió un amigo albañil de una reforma que acababa de hacer. Estaba vieja pero la parcheamos con dm y quedo practicable. La barra la colocamos en uno de los laterales largos que coincidía con la profundidad del edificio. Empapelamos las paredes con papel viejo que encontramos en una ferretería muy antigua. Sobre el papel pusimos para decorar carteles de películas, conciertos, portadas de libros incluso un póster de Magic Johnson. Como mobiliario fuimos a tiendas de segunda mano primera y a tiendas de muebles para montar y compramos sillas y mesas diferentes. Como cabina de pinchadiscos utilizamos una cabina de teléfono cortada por la mitad de modo que la gente pudiera hablar con el pincha por los laterales. Como uniforme para los camareros hicimos una camiseta como si fuera de un equipo de fútbol, creándonos un logo del bar y llevando cada uno su número correspondiente. Para ser diferentes invitábamos a cenar una vez al mes previa inscripción para controlar el aforo. Nuestras cenas eran especiales lentejas con chorizo, gazpacho manchego, cocido montañés y cosas así. Y funcionó…

 

Moros y cristianos y 3ª parte (corresponde al día 25/5/2013)

Nos reunimos dos días después, se habían congregado unas quinientas personas en la plaza. Se formaron varios grupos. El plan era que hubiese dos grupos de eliminación rondando por el pueblo, uno de eliminación y habría otro de retén para apoyar cuando hubiese algún problema. Aparte se formó un grupo que gestionaría las comunicaciones, los turnos y todo lo demás. Los grupos se comunicarían por medio de  walkie talkies. Para los grupos de eliminación se utilizarían furgonetas, carretillas elevadoras y retroexcavadoras. El grupo de eliminación utilizaría camiones. Como armas utilizaríamos además de cualquier arma de fuego, cualquier arma blanca lo suficientemente larga para no acercarse demasiado a los infectados. Nos protegíamos con ropa gruesa y cascos de motorista. Como estábamos en fiestas de moros y cristianos utilizamos los trajes. Celebrábamos las fiestas en invierno los trajes eran gruesos. Estaban las túnicas, las mallas de lana, los cascos, las polainas, las capas, los complementos de piel. También utilizábamos las armas. Espadas, cimitarras, alfanjes, arcabuces, espingardas, lanzas, trabucos. Éramos un destacamento de moros y cristianos luchando juntos contra un enemigo común. Primero solo recorríamos las calles para acabar todo aquel zombie que encontráramos. El gobierno nos dio carta blanca. No había remedio que los curara, se había intentado todo pero no se había conseguido ningún avance. Lo mejor que podíamos hacer era acabar con ellos. El grupo de eliminación recogía a los eliminados, los trasladaba al patio de uno de los colegios y los incineraba. En la segunda fase utilizamos la furgoneta con el altavoz para avisar a la gente y que expulsara a cualquier infectado a la calle. Después fuimos registrando casa por casa. De modo que no se escapara nadie. Cuando pensábamos que todo había acabado nos llevamos la gran sorpresa. En el pabellón municipal se habían que dado encerrados los primeros infectados que al final eran unos doscientos. Pensamos en demoler el edificio pero meditándolo era una barbaridad. Así que decidimos hacerlo por las bravas. El pabellón se encontraba en calle amplia en las afueras de la ciudad. Abriríamos las puertas del infierno y lucharíamos contra ellos cuerpo a cuerpo. Cerramos cualquier acceso a la calle para que pasara lo que pasara no pudieran escapar de allí. Juntamos el grupo más numeroso hasta la fecha.  Y nos dispusimos para la batalla. El encargado de abrir esta acompañado por otro con una motocicleta en marcha para salir a toda velocidad. Y ese acabó todo tuvimos bajas pero logramos acabar con la infección. Nos liberaron tras una cuarentena de dos semanas.

La aventura

Son llamados el pueblo de los arrieros. Como tales viajan a todas partes para transportar y conseguir los mejores productos, el mejor género. Eran respetados por todos por su comercio justo. Garantizaban personalmente cada venta que hacían. No había queja contra ellos. De generación en generación pasaba el lema de “Vende a un amigo, compra para un amigo”. Esteban asentados en la costa este en tres pueblos. A pesar de ser pequeños pueblos tenían uno de los mejores puertos de toda la costa. Allí arribaban mercancías de todo el mundo. Y desde allí salían hacia todo el país en sus caravanas ambulantes. Como pueblo ancestral tenían costumbres que se perdían en la oscuridad de los tiempos. Una de la costumbre mas desconocida para el resto del mundo y que ellos tenían en mas consideración es el viaje a la isla del Último. Cuando se va a cumplir la mayoría edad los padres con el chico en cuestión tienen que ir a la isla del mismo nombre y pasar una noche entera. La isla del Último es una desierta de humanos pero que cuenta leyenda esta habitada por los más peligrosos seres. Normalmente el ritual consiste en una pequeña ceremonia donde se le hecha arena de la playa al chico en la cabeza. Luego se le deja solo en la isla durante toda la noche. Los padres padrinos y familia espera en unos catamaranes mar a dentro hasta el día siguiente. La isla pertenece a los Arrieros desde tiempo inmemorial y nadie puede entrar en ella sin su permiso. En los últimos tiempos se ha convertido la ceremonia en un acto rutinario. Sin embargo cuanta las leyendas de antaño ataques, desapariciones misteriosas y muertes horrendas. Nadie se atreve a pasar de la playa. El chico también tiene la obligación de mantener encendida una hoguera durante toda la noche como compromiso con su pueblo, para dar fe de que se encuentra allí y se encuentra bien. Primo era el próximo en tener que cumplir con su deber. Era un chico trabajador, resuelto y curioso. En la siguiente primavera saldría con su padre a comerciar. Como todos había llevado la canoa de los antiguos para su ceremonia. Consigo se había llevado un odre de agua, unas viandas que le habían preparado sus madres y hermanas y la espada que le legó su abuelo. Cuando le dejaron solo se dedicó  a recoger leña de los árboles viejos y que había traído el mar a la playa para alimentar la hoguera. Después fue a coger las viandas de la canoa, las tenía guardadas en una caja que habían construido para ese fin en la parte delantera. La caja era grande. Cuando la abrió se encontró además de la comida a Ruth la chica que iba detrás de él.

Venganza inesperada 2ª parte

 

Miré en derredor, la calle estaba desierta y la noche me cobijaba en sus sombras. Sin pensarlo más me metí en el coche, lo arranqué y salí a toda velocidad sin pensarlo mucho. Me alejé de la zona. Cogí, en cuanto pude, la autovía para ir al otro extremo de la ciudad. Aparqué en el polígono industrial del norte que ahora estaba semi abandonado. Salí del coche me reí, lancé improperios a los matones y bailé alocadamente. Pensé en enviarles un sms a mis amigos pero cuanto menos supieran mejor. No sabía cuál sería mi siguiente paso. Mientras transitaba por la autovía estuve cavilando que hacer. Mis ideas fueron darme una vuelta por las zonas fuera de su influencia hasta acabar con la gasolina, dejarlo en un sitio conflictivo con las llaves puestas para ver si lo robaban. Cuando iba a subir de nuevo al coche decidí inspeccionarlo por si contenía algo ilegal que pudiera acarrearme la cárcel. Posiblemente ellos tendrían carta blanca con la policía mientras no se excedieran sin embargo si a mi me pillaban con algo no serían tan clementes. En la guantera solo había un revólver. En el resto de compartimentos encontré unos gramos de cocaína, diez mil euros en un rollo y un teléfono móvil nuevo. Abrí el capó, en el motor no había nada. Abrí el maletero. En el interior había chica desnuda, atada y amordazada. Estaba inconsciente. En el maletero no había nada más. La saqué del maletero, la desligué y la metí en el asiento de atrás. La arropé con mi chaqueta. Le di unas palmaditas en la cara para ver si lograba despertarla. Poco a poco se fue espabilando. Le dije que estaba a salvo, que yo estaba de su parte y no le haría daño. Me contó que la habían secuestrado porque su padre no había podido pagarles un préstamo que les había pedido. En realidad todo había sido una trampa para quedarse con el local donde su padre tenía una librería. Además a ella se la llevaron en concepto de intereses. La habían drogado, cuando volvieran de juerga la violarían. Le dije que no se preocupara yo la ayudaría. De momento le propuse ir a comprar ropa antes de hacer nada. Fui a una gasolinera veinticuatro horas y la compré una muda completa de todo. Luego fuimos a un bar anexo y cenamos. Le pregunté si sabía conducir, me dijo que no. Entonces yo conduciría por ella…

 

Fierro (corresponde al 22/5/2013)

Para ser detective privado hay que tener en cuenta tres puntos: tener un arma, tener una buena arma y experiencia. Se llama Germán Fierro. Y es el típico, tópico detective privado de la novela negra. Iba siempre vestido con un traje de chaqueta de color azul marino, sombrero fedora y gabardina. La única diferencia con los detectives es que se trasladaba con una motocicleta indians en vez de con coche. Su formación incluía cinco años en el ejército, tres como policía urbano y tres como investigador de la policía. Lo destituyeron por pegar a un sargento corrupto con muchos amigos en los puestos altos. Como no sabía hacer otra cosa se sacó una licencia de investigador privado y le hizo competencia a la policía. Se dedicaba a hacer todo tipo de trabajos vigilancias, protección, investigación, seguimientos incluso para determinados clientes podía hacer trabajos ilegales como conseguir documentación falsa o asustar a quién se lo mereciera. Vivía en su oficina, en un cuarto anexo al despacho. Tenía una secretaria que se ocupaba del teléfono además de otros menesteres. La chica llegó a primera hora de la mañana antes de que llegara la secretaria. Tenía cara de mojigata y llevaba ropa que ocultaba cualquier curva que determinara su feminidad. Le ofreció un café, ella lo declinó con un gesto de la cabeza. Era tan tímida que le costó diez minutos empezar a hablar. Según me contó su hermana había venido a la gran ciudad a casarse con ricachón. Vino en tren pero nunca llegó a su destino, de eso hacía dos semanas. Había hablado con la familia del novio pero no le habían aclarado nada. Solo le contado que lo habían denunciado a la policía y poco más. No había podido, no le habían dejado hablar con él. Le dije que el caso olía muy mal. Le dijo que haría todo lo pudiera pero desde ya no le daba muchas esperanzas. Le explicó su tarifa y el dinero que necesitaba por adelantado. Le dijo que era fuerte que no temiera contarle la verdad por funesta que fuera. Lo primero que hizo cuando la chica se marchó fue a desayunar. Le dejó una nota a su secretaria antes de salir. Se dirigió al bar donde habitualmente desayunaba, comía y cenaba cuando estaba por la zona el mejor sitio en calidad precio. Mientras desayunaba estuvo leyendo el periódico, no hubo nada que le llamara la atención. Cuando terminó decidió empezar con el caso hablando con el novio. Cogió su motocicleta y puso rumbo a la mansión familiar de los Arriondas.

Oritum 5ª parte

Recriminé al jefe de la caravana que no hubiesen oído mis advertencias de contratar a un mercenario más para protegerlos. Me contestó que hablaríamos en otro momento, cuando llegásemos a la siguiente aldea, ahora no quería pasar más tiempo allí. Sin más dilación subimos a los carromatos y partimos con celeridad. Esta vez monté en mi caballo, me quedé en la retaguardia para que no hubiera más sorpresas. Lo ideal hubiese sido contar por lo menos con un soldado por carromato. Si tenían o no querían gastarse ese dinero por lo menos necesitaríamos un par de mercenarios más. Los caminos se habían vuelto peligrosos con la inestabilidad en el gobierno de su majestad Olimpia. Después de un par de horas cuando pensaba que el peligro ya había pasado algo vino a mi mente de la escaramuza. La espada de sangre había cambiado durante la pelea, no sabía cómo definirlo. Parecía que se había vuelto más ligera, más poderosa, parecía que emitía algún tipo de calor, energía. A lo mejor el ritual del que me habló el herrero tan solo era entrar en guerra, que como su nombre indicaba oliese la sangre. No podía asesinar a nadie a sangre fría y no tenía intención de cortarme para alimentar a una espada. De momento esperaría antes de intentar nada, además entrábamos en una zona que siempre se había rumoreado estaba plagado de taumaturgos. Intentaría seguir buscando información, si cuando saliéramos de esta zona no había conseguido aclarar nada probaría otras cosas. El resto del camino transcurrió sin mayores sobresaltos. Hicimos solamente una parada para hacer la comida y ya no nos detuvimos hasta que al anochecer llegamos a la siguiente aldea que se encontraba en la ribera de un caudaloso rio. Acampamos en las afueras, en formación de círculo para estar más protegidos. Al llegar no había ningún establecimiento abierto así que hicimos una hoguera y preparamos la cena. Tampoco nos molestó nadie durante la noche. Al ser un municipio de cierta entidad fuimos a la alcaldía para pedir permiso e informar de nuestros negocios. No nos pusieron trabas, pero nos hicieron pagar una pequeña tasa por venta ambulante. Tras ayudar a montar los puestos di una vuelta para ver si encontraba alguien que me pudiera ayudar con la espada de sangre. Anduve preguntando a la gente que me encontré que me indicara donde podría localizar al herrero, a un alquimista o al armero del municipio. Primero visité al armero. Era un tipo con el cuello de un toro y también con su inteligencia. Ni siquiera gasté el trabajo de enseñarle la espada. Él me indicó donde podía encontrar al alquimista.