La aventura
Son llamados el pueblo de los arrieros. Como tales viajan a todas partes para transportar y conseguir los mejores productos, el mejor género. Eran respetados por todos por su comercio justo. Garantizaban personalmente cada venta que hacían. No había queja contra ellos. De generación en generación pasaba el lema de “Vende a un amigo, compra para un amigo”. Esteban asentados en la costa este en tres pueblos. A pesar de ser pequeños pueblos tenían uno de los mejores puertos de toda la costa. Allí arribaban mercancías de todo el mundo. Y desde allí salían hacia todo el país en sus caravanas ambulantes. Como pueblo ancestral tenían costumbres que se perdían en la oscuridad de los tiempos. Una de la costumbre mas desconocida para el resto del mundo y que ellos tenían en mas consideración es el viaje a la isla del Último. Cuando se va a cumplir la mayoría edad los padres con el chico en cuestión tienen que ir a la isla del mismo nombre y pasar una noche entera. La isla del Último es una desierta de humanos pero que cuenta leyenda esta habitada por los más peligrosos seres. Normalmente el ritual consiste en una pequeña ceremonia donde se le hecha arena de la playa al chico en la cabeza. Luego se le deja solo en la isla durante toda la noche. Los padres padrinos y familia espera en unos catamaranes mar a dentro hasta el día siguiente. La isla pertenece a los Arrieros desde tiempo inmemorial y nadie puede entrar en ella sin su permiso. En los últimos tiempos se ha convertido la ceremonia en un acto rutinario. Sin embargo cuanta las leyendas de antaño ataques, desapariciones misteriosas y muertes horrendas. Nadie se atreve a pasar de la playa. El chico también tiene la obligación de mantener encendida una hoguera durante toda la noche como compromiso con su pueblo, para dar fe de que se encuentra allí y se encuentra bien. Primo era el próximo en tener que cumplir con su deber. Era un chico trabajador, resuelto y curioso. En la siguiente primavera saldría con su padre a comerciar. Como todos había llevado la canoa de los antiguos para su ceremonia. Consigo se había llevado un odre de agua, unas viandas que le habían preparado sus madres y hermanas y la espada que le legó su abuelo. Cuando le dejaron solo se dedicó a recoger leña de los árboles viejos y que había traído el mar a la playa para alimentar la hoguera. Después fue a coger las viandas de la canoa, las tenía guardadas en una caja que habían construido para ese fin en la parte delantera. La caja era grande. Cuando la abrió se encontró además de la comida a Ruth la chica que iba detrás de él.
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