Blogia
Ediciones de la Ceniza

Paseo infructuoso

Caminaba sin rumbo, sin dirección, No sabía dónde quería ir ni que quería hacer. Comenzó a llover, saqué la gorra de lana irlandesa de la bandolera y me la coloqué. No quería parar lo único que sabía era que necesitaba caminar. Me subí también el cuello de la casaca para protegerme todo lo posible. Al final claudiqué cuando estaba totalmente calado. Entré en un bar y pedí un café con leche. Me dirigí al aseo donde intenté secarme todo lo que pude con las toallitas de papel y con el seca manos de aire caliente. Algo conseguí. Por lo menos había dejado de tiritar. Recogí el café de la barra y me senté en una mesa. No quería pensar así que extraje de la bandolera mi ejemplar de Viaje a la Alcarria y me puse a leerlo vorazmente casi sin comprender las palabras fijándome solo en la pronunciación. Cada dos o tres páginas tomaba un trago del café. Cuando terminé con el café había terminado también de llover. Pagué y me fui. Seguí caminando sin parar sin destino. La cuestión era muy sencilla pero a mí me atribulaba en demasía. Miré la hora no era muy tarde, sin pensarlo dos veces decidí ir a la tasca donde habitualmente suelo cenar los fines de semana. Habían cerrado pero aún había mesas ocupadas tomándose los digestivos espirituosos. Llame a la puerta y me franquearon el paso. Pedí un macho de cerveza, capellán asado trinchado con tomates frescos, champiñón con salsa verde de tapas y un bocata de calamares a la romana. Todo lo devoré con ansia. Seguí logrando contener mis pensamientos. De postre tomé una tarrina de chocolate. Luego tomé un café solo y una par de caliches de licor de café con nata liquida. Empezaba a sentirme más sosegado. No había quedado con mis amigos y sabía sí habrían salido este viernes de todas maneras decidí hacer la vuelta que habitualmente hacíamos. Nuestra primera parada era en un pub irlandés. Le pregunté al dueño que estaba sirviendo también ese día y me dijo que no había visto a ninguno de mis amigos. De todas maneras me tomé un par de pintas de guinness mientras departía con él y la camarera a quién también conocía. Me despedí cuando estaban a punto de cerrar. Me dirigí entonces a la segunda parada, un pub donde solíamos acabar la mayoría de noches. Allí también nos conocían así volví a preguntar por el paradero de mis amigos, tampoco los habían visto. Me tomé un ron con cola en el patio. Hablé con algunos de los parroquianos que eran habituales como yo. Tomé otro ron dentro, cuando lo acabé me fui a casa.

 

0 comentarios