Atropello
Utilicé el tranquilizante del que siempre me ayudaba en las grandes ocasiones, ron solo. El nerviosismo seguía ahí pero el calor que llenaba ahora mi estomago me decía que no duraría. Cuando alguien toma posesión de un cargo importante debe hacerlo con los honores y fanfarrias adecuadas. Primero llegó Castillo mi padre biológico, con sonrisa confiada y ademanes de Papa Noel cargado. Después llegó Naranjo el hombre que ha hecho de mi lo que soy y al que hoy debo traicionar y usurpar su cargo. Estoy tentado de transcribir lo que hoy va a suceder para enviárselo a los creadores de series como The Wire, Boardwalk Empire o Kings y vean como es la realidad. Fui hasta la cocina a ver si Carlota, mi esposa, lo tenía todo preparado para la cena. Mientras Castillo y Naranjo hablaban uno confiado otro con cara de póquer. A la vez que preparaba las bebidas de cada uno pensaba si había elegido el lado correcto. La cena transcurrió con normalidad relativa. A Naranjo se le veía como cada vez le gustaba menos las incesantes bromas con que no agasajaba un Castillo exultante. Yo también empezaba a estar incomodo y quería que todo terminara cuanto antes. Cuando terminamos ayudé a mi mujer a recoger la mesa para acabar antes y saqué unas bebidas espirituosas que nos ayudaran a relajar la situación. Carlota ofreció un tiramisú que había hecho el día anterior pero ambos declinaron el ofrecimiento, rogándole por mi parte que se fuera a dar un paseo. A pesar de conocer el resultado Castillo parecía que no quería prolongar la agonía. Se puso serio y comenzó un monologo sobre el paso del tiempo, la edad cuando uno debe dejar paso a los hijos, la buena gestión realizada a cargo de la empresa y una serie de halagos vacíos. A mi daba asco esa palabrería de expiación. Terminó su perorata agradeciéndole los años dedicados y conminándole a alejarse lo más posible de la empresa. A pesar de olérselo a Naranjo aguantó el chaparrón con un rictus de dolor por la traición. Cogí el revolver que había dejado pegado en la parte interna de la mesa con cinta de embalaje. Naranjo se quedó blanco cuando vio el arma. Intentó balbucear algo y antes de que pudiera reaccionar le metí dos tiros a Castillo en el corazón. Me había convertido en el nuevo dueño de la ciudad.
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