Fierro (corresponde al 22/5/2013)
Para ser detective privado hay que tener en cuenta tres puntos: tener un arma, tener una buena arma y experiencia. Se llama Germán Fierro. Y es el típico, tópico detective privado de la novela negra. Iba siempre vestido con un traje de chaqueta de color azul marino, sombrero fedora y gabardina. La única diferencia con los detectives es que se trasladaba con una motocicleta indians en vez de con coche. Su formación incluía cinco años en el ejército, tres como policía urbano y tres como investigador de la policía. Lo destituyeron por pegar a un sargento corrupto con muchos amigos en los puestos altos. Como no sabía hacer otra cosa se sacó una licencia de investigador privado y le hizo competencia a la policía. Se dedicaba a hacer todo tipo de trabajos vigilancias, protección, investigación, seguimientos incluso para determinados clientes podía hacer trabajos ilegales como conseguir documentación falsa o asustar a quién se lo mereciera. Vivía en su oficina, en un cuarto anexo al despacho. Tenía una secretaria que se ocupaba del teléfono además de otros menesteres. La chica llegó a primera hora de la mañana antes de que llegara la secretaria. Tenía cara de mojigata y llevaba ropa que ocultaba cualquier curva que determinara su feminidad. Le ofreció un café, ella lo declinó con un gesto de la cabeza. Era tan tímida que le costó diez minutos empezar a hablar. Según me contó su hermana había venido a la gran ciudad a casarse con ricachón. Vino en tren pero nunca llegó a su destino, de eso hacía dos semanas. Había hablado con la familia del novio pero no le habían aclarado nada. Solo le contado que lo habían denunciado a la policía y poco más. No había podido, no le habían dejado hablar con él. Le dije que el caso olía muy mal. Le dijo que haría todo lo pudiera pero desde ya no le daba muchas esperanzas. Le explicó su tarifa y el dinero que necesitaba por adelantado. Le dijo que era fuerte que no temiera contarle la verdad por funesta que fuera. Lo primero que hizo cuando la chica se marchó fue a desayunar. Le dejó una nota a su secretaria antes de salir. Se dirigió al bar donde habitualmente desayunaba, comía y cenaba cuando estaba por la zona el mejor sitio en calidad precio. Mientras desayunaba estuvo leyendo el periódico, no hubo nada que le llamara la atención. Cuando terminó decidió empezar con el caso hablando con el novio. Cogió su motocicleta y puso rumbo a la mansión familiar de los Arriondas.
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