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Ediciones de la Ceniza

La Cita

-La vida es efimera.-dijo el extraño.
-Mas de lo que creemos, menos de lo que nos damos cuenta.-me giré hacia la voz para ver a mi interlocutor.
-¿Le importa que me siente aqui?-pregunta educadamente.
-No es mi barra y el asiento no esta ocupado por lo tanto...-respondi indicandole con la mano el taburete vacio.
Al instante viene el camarero. El extraño se pide media pinta de una cerveza de trigo. Por mi parte doy otro trago a mi pinta de cerveza negra, consumiendo con ello más de la mitad de su capacidad.
-Perdón no me he presentado, me llamo Capra.
-Curioso anagrama.-inquirí apretando la mano que me ofrecia.
-¿Como?.-preguntó él ruborizandose.
-Nada, cosas mias. Yo me llamo Sancho.
El camarero acaba de traer su pedido. Capra apura más de la mitad con el primer sorbo, con un nerviosismo que no habia mostrado hasta ese momento.
-¿La primera vez que viene por aqui?.
-Si.-responde un poco mas tranquilo.
-¿Trabajo, placer?
-Trabajo. Es mi primera salida.-pasando ahora a un estado de alerta.
-Con razón le veo tan nervioso. Es un trago que hay que pasar.
-Eso dicen todos los compñeros.
Continuamos charlando agradablemente en un dialogo informal. Durante diez o quince minutos hablamos sin tomar partido claramente por los temas que tocamos. Luego empezó el partido de futbol que habia ido a ver. Terminamos nuestras consumiciones y pedimos otras de lo mismo. Vimos el partido, trasegamos cerveza y sobretodo estuvimos comentando las jugadas. Volvimos a pedir otro par de cervezas antes de terminar el primer tiempo. En el descanso Capra me preguntó por los aseos. Yo le aconsejé a que esperara  a empezar la segunda parte por que entonces habria menos gente.
A los diez minutos de reiniciado el partido fuimos los dos al aseo. Pusimos el seguro a la puerta. Uno cogió el urinario de pared y el otro el vater. Terminé primero, me lavé las manos y luego le dejé paso para que se lavara él. Saque la daga dismuladamente. Cuando me miró los ojos, tras secarse las manos, percibió que algo iba mal. Un fugaz destello y habia perforado su corazon. Antes de que pudiera gemir de dolor todo él fue polvo.
Un año más de vida, dije para mis adentros, sonriendo mientras salia del excusado.

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