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Ediciones de la Ceniza

La aventura 2ª parte

Le metió un puro tremendo. Ella le dijo que como siempre le daba esquinazo y nunca quería estar con ella, por eso decidió pasar a la acción. Así por lo menos estaría aunque fueran unas pocas horas a solas con él. Cabreado se marchó a alimentar la hoguera. Después se sentó dejando la hoguera entre los dos. Ella se desnudó y se bañó a la luz de la luna. Él no pudo por más que admirar la belleza de su cuerpo desnudo sin lugar a dudas la mejor obra de arte de la naturaleza como decía su padre. Cuando terminó se puso la túnica y se sentó a su lado. Ella le preguntó porque no la quería. Él dijo que la amaba pero sería muy duro para él cuando partiera en sus viajes dejarla. Ella le dijo que se iría con él a donde fuera sabía cocinar, no le tenía miedo a nada, era fuerte para ayudarles a cargar y descargar las mercancías. Pero y su familia cuestionó él. Ella le respondió que eran muchos hermanos uno menos que se ganara la vida por sí mismo sería un alivio para sus padres. No le quedaban más objeciones que hacer así que le dio un beso. Ella se tiró sobre él y rodaron hasta el agua. Entonces oyeron un gran rugido. Pararon y miraron en la dirección del ruido. Un gran tigre había aparecido del interior de la selva que cercaba la playa. El chico rápidamente se dirigió a la canoa a coger su espada. La chica lo siguió. Cogió la espada con las dos manos y puso dirección al animal. Era un diente de sable enorme, los ojos resplandecían de hambre y nosotros éramos su cena. La chica cogió una tea ardiente y siguió al chico. Valerio le dijo a Ruth que se marchara, que cogiera la canoa y se adentrara en el mar. Que se pusiera a salvo. Ella le dijo que no lo dejaría solo. Se lo pidió por favor pero ella no se arredró.  Paso a paso se acercaron, se pararon a unos cuatro metros. La bestia ni se inmutó. Ruth agitó la tea para intentar ahuyentar al tigre. En un principio continuó inmóvil. Valerio comenzó a rugir y el animal dio un paso atrás, luego otro y otro más. Se giró y desapareció en la selva. Aliviados se besaron de nuevo. Volvieron a la hoguera. Quedaron en hacer una guardia cada uno a lo largo de la noche para no llevarse más sorpresas.

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