Moros y cristianos y 3ª parte (corresponde al día 25/5/2013)
Nos reunimos dos días después, se habían congregado unas quinientas personas en la plaza. Se formaron varios grupos. El plan era que hubiese dos grupos de eliminación rondando por el pueblo, uno de eliminación y habría otro de retén para apoyar cuando hubiese algún problema. Aparte se formó un grupo que gestionaría las comunicaciones, los turnos y todo lo demás. Los grupos se comunicarían por medio de walkie talkies. Para los grupos de eliminación se utilizarían furgonetas, carretillas elevadoras y retroexcavadoras. El grupo de eliminación utilizaría camiones. Como armas utilizaríamos además de cualquier arma de fuego, cualquier arma blanca lo suficientemente larga para no acercarse demasiado a los infectados. Nos protegíamos con ropa gruesa y cascos de motorista. Como estábamos en fiestas de moros y cristianos utilizamos los trajes. Celebrábamos las fiestas en invierno los trajes eran gruesos. Estaban las túnicas, las mallas de lana, los cascos, las polainas, las capas, los complementos de piel. También utilizábamos las armas. Espadas, cimitarras, alfanjes, arcabuces, espingardas, lanzas, trabucos. Éramos un destacamento de moros y cristianos luchando juntos contra un enemigo común. Primero solo recorríamos las calles para acabar todo aquel zombie que encontráramos. El gobierno nos dio carta blanca. No había remedio que los curara, se había intentado todo pero no se había conseguido ningún avance. Lo mejor que podíamos hacer era acabar con ellos. El grupo de eliminación recogía a los eliminados, los trasladaba al patio de uno de los colegios y los incineraba. En la segunda fase utilizamos la furgoneta con el altavoz para avisar a la gente y que expulsara a cualquier infectado a la calle. Después fuimos registrando casa por casa. De modo que no se escapara nadie. Cuando pensábamos que todo había acabado nos llevamos la gran sorpresa. En el pabellón municipal se habían que dado encerrados los primeros infectados que al final eran unos doscientos. Pensamos en demoler el edificio pero meditándolo era una barbaridad. Así que decidimos hacerlo por las bravas. El pabellón se encontraba en calle amplia en las afueras de la ciudad. Abriríamos las puertas del infierno y lucharíamos contra ellos cuerpo a cuerpo. Cerramos cualquier acceso a la calle para que pasara lo que pasara no pudieran escapar de allí. Juntamos el grupo más numeroso hasta la fecha. Y nos dispusimos para la batalla. El encargado de abrir esta acompañado por otro con una motocicleta en marcha para salir a toda velocidad. Y ese acabó todo tuvimos bajas pero logramos acabar con la infección. Nos liberaron tras una cuarentena de dos semanas.
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