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Ediciones de la Ceniza

Emboscada (3ª parte)

Ahora nos disponíamos a acometer el tercer golpe, quizás el más audaz y el que le haría enfurecer con mayor virulencia. El robo del coche no era un simple robo para cabrear al Jefe sino más bien la primera parte de un plan a más largo plazo. Si todo salía bien lograría hacer tambalear los pilares de confianza sobre los que se erguía el hasta ahora todo poderoso Jefe. De todas maneras aún me mostraría como impulsor de la lección que le estaba dando. No por miedo, sino por poder trabajar con mayor libertad y que no mande sobre mí a todos sus esbirros. Este tercer golpe era más delicado. La coreografía debía ser perfecta para que no hubiera problemas a la hora de ejecutar el plan. Como en los anteriores golpes necesitaría la colaboración de mis amigos. Todos se habían confabulado conmigo para darle un escarmiento al Jefe. Me vestí como se visten los chóferes que trabajan para el Jefe. Traje de chaqueta negro con camisa blanca. Gafas de sol de aviador y semblante serio, cabreado. Uno de mis amigos se había apostado en la terraza de una cafetería esperando a que llegara el paquete a recoger.  En cuanto entrara al cine daría la señal al resto participantes para que se iniciase el plan. Otro de mis amigos ya debería estar en el interior.

La chica llegó con un amigo en un coche parecido al que habíamos robado, parecía nuevo  además de ser un modelo mejor. Entonces el colega que estaba en la terraza mandó un sms al resto de colegas, que quien lo leyera sería inocuo, indicando que empezaba la fiesta. Cuando el coche se marchó  un colega lo siguió en moto. Se fue a un parking de pago que había tres calles más abajo y se quedó en el interior esperando hasta la hora de recogida de la chica. Entonces me dio un toque a mi para que yo entrara en acción. Con tiempo habíamos aparcado un coche de las mismas dimensiones en la puerta del cine. Otro colega esperaba para cuando yo llegara aparcar el que yo conducía en ese lugar. Una vez todo dispuesto, fui yo el que mandé el sms al colega que se hallaba en el interior del cine. Entró en la misma sala y hecho una bomba casera sin que nadie se diera cuenta en una papelera. La bomba era simplemente agua fuerte con papel de aluminio en una botella de litro de refresco de cola.  A los pocos segundos una gran explosión sacudió la sala, nos hicieron desalojar a todos. La chica que como habíamos previsto había sido advertida salió corriendo al hall de entrada. Llamó por móvil al conductor. Cuando se asomó para ver el exterior de la calle me vio a mi abriéndole la puerta de un coche muy parecido al que le había traído y confiadamente entró. Antes de que el otro coche llegara yo había desaparecido.

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