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Ediciones de la Ceniza

Moros y Cristianos (2ª parte)

Al principio hubo confusión e incertidumbre. Nadie sabía que hacer. Nos quedábamos en casa al resguardo, nos encargábamos de eliminar a los errantes. Alguien montó en un coche un altavoz, recorriendo toda la localidad propuso que quien quisiera participar en la reconquista de la ciudad que se acercara teniendo todas las precauciones posibles a la plaza de la lonja. Era una buena idea por que tenía solo tres entradas / salidas que se podían cerrar para que no entraran los errantes fácilmente. Hablé con amigos e integrantes de la escuadra a que pertenecía. Al final decidimos acercarnos una pequeña representación para ver que era lo que se cocinaba. Pasó por nosotros uno de los amigos que tenía una furgoneta para trabajar en el campo y que había reforzado las ventanillas delanteras, que eran las únicas de cristal, con una parrilla metálica. Nos dijeron que entráramos por una calle determinada. Cuando llegamos habían apostado primeramente una furgoneta grande cerrando la calle y después había también un portón antes de la entrada definitiva a la plaza. Un grupo de paisanos, apadrinados por los dos únicos policías que quedaban eran los organizadores de esta resistencia anti errantes. Pertenecían a todo tipo de segmentos de la vida económica y social de la localidad. Desde políticos, a carpinteros, albañiles, agricultores o administrativos hasta un número de quince. Y desde gente que había sido muy participativa en la vida social del municipio a otros que no. Contaron estaban en contacto con el gobierno de la nación. Nos habían dado permiso para tomar las medidas necesarias para acabar con los errantes. El gobierno estaba preparando un plan de contingencia pero no sabían cuando estaría dispuesto para su ejecución. Los organizadores de la reunión, que se hacían llamar Los Sustitutos, propusieron crear un grupo de eliminación y limpieza para actuar contra los errantes hasta que el gobierno tomara cartas en el asunto. Aquel que se uniera a ese grupo lo hacía bajo su responsabilidad y asumiendo los peligros que conllevaba. Dependiendo de la gente que se sumara a la iniciativa se harían uno o varios grupos. Además habría que propagar la proposición al resto del municipio ya que en la plaza nos encontrábamos un diez por ciento del total de la población. Si había varios grupos se dividirían entre los encargados de eliminar y los encomendados a recoger y quemar a los errantes eliminados. También dejaron opción a aquel que quisiera unirse a los sustitutos. Tras algunas aclaraciones terminó la reunión quedando para dentro de dos días.

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