Blogia
Ediciones de la Ceniza

Corriente

Como huir si ni siquiera se salir de mi calle. Miro las losas que forman el suelo de la callejuela donde vivo. Hay regueros de gotas que forman caminos que seguir.  ¿Quién manchará el suelo con esas gotas aceitosas? ¿Por qué quien ensucia la calle no la limpia? Elevo los talones para darme impulso los bajos de nuevo y comienzo a andar con paso firme. Un suave rasgueo de guitarra española me acompaña. Una brisa fría hace que emboce en mi abrigo de paño. Levanto la vista al cielo. Negros nubarrones se ciernen sobre la ciudad, pronto habrá lluvia y tendré que correr. Sigo caminando sin mirar atrás. En camino solo me cruzo con un par de personas. Las primeras gotas ya están cayendo. Cuando lo pienso dirijo la mirada al suelo pero las gotas del reguero se confunden con las de la lluvia. Aterrorizado me paralizo. Me cuestiono si podré seguir el camino iniciado hace tan solo unos minutos.  La lluvia arrecia empapándome. Yo sigo sin moverme. Entonces una mano cálida me conduce bajo el saliente de un balcón. Unos dulces ojos color miel. Un mechón de cabello negro ensortijado se escapa de su gorro de lana. Una sonrisa me muestra una perfecta sonrisa blanca como la cal. Su mano sigue cogiéndome. No puedo dejar de admirar su lustrosa piel de ébano.

-¿Por qué te estabas mojando?

-Porque pensaba que la lluvia no me dejaría continuar mi camino.

-Yo te ayudaré, ahora mismo dejara de llover y podremos continuar tu camino.

-Y si luego no sé volver.

-Ese es un riesgo que debes correr.

Poco a poco la lluvia empieza su retirada. Solo una leve y constante llovizna se queda fastidiándome. La chica no pierde su sonrisa. Me dice que reanudemos el camino. Yo señalo a los cielos, ella tira de mi sin hacer caso de mis súplicas. Al final accedo. Los primeros pasos los doy de puntillas por miedo al agua, gradualmente los pasos son más confiados…

0 comentarios