Amistad
El día empezó como casi todos los sábados con una ligera resaca por las cervezas por la tertulia de la noche anterior. Me vestí con lo primero que pillé que estuviera limpio. Cogí la bandolera metí el libro que estaba leyendo “El juego del ángel”. Busqué en la mesita de noche para ver si encontraba cuartos conque pasar el día. Antes de salir de mi cuchitril me tomé un café con leche para intentar reanimarme. Mientras me lo hacía estuve escuchando “Como lo oyes” en Radio3. Salí corriendo porque no llegaba a tiempo de coger el autobús urbano que me llevaría al centro. En el trayecto en el bus me encontré con Úrsula, Vera y Pepe. Continuamos con parte de la tertulia de la noche anterior sobre el final de las series, además de lo acertado del final o no yo seguía manteniendo lo doloroso y vacío que me sentía con alguna de ellas. En la puerta de La Lonja el bar que más frecuentábamos nos esperaba Milan con Pyros su bóxer atigrado. Después de hacerle unas carantoñas al perro entramos en el bar mientras él nos esperaba a la puerta cual cancerbero a la puerta de Hades aunque este era mucho menos fiero. Allí consumí el primer café solo. Estuvimos planificando el día hasta que el Botas nos trajo una noticia inesperada y que deseábamos fervientemente. Por lo visto el grupo que iba a tocar en El Remedo, una de las salas de conciertos de la ciudad que más se arriesgaba con gente desconocida, se había echado para atrás y estaban buscando alguien que lo sustituyera. Solo existía una condición para el que quisiera actuar, había que llevar el disco “London calling” de The Clash en vinilo. Todos pensamos en lo mismo. Cuando el Botas nos dijo que conocía a alguien que pudiera tenerlo, fue una conmoción...
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