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Ediciones de la Ceniza

Oritum 3ª parte (corresponde al día 10/5/2013)

En la aldea estuvimos un par de días. Ya no pude recabar más información sobre la espada. No hubo problemas que necesitaran de mi intervención. Recogimos y continuamos camino. Yo seguía dándole vueltas a lo poco que sabía. Alguien me había dicho anteriormente que todas las espadas tenían un nombre y que había un libro donde se llevaba registro de sus portadores y sus hazañas. Ese libro se encontraba guardado supuestamente en la biblioteca del palacio real en la capital del reino. La próxima vez pasáramos por allí intentaría que me dejaran echarle un vistazo. Lo complicado era encontrar a un taumaturgo de la escuela de Darío. Se habían oído rumores de todo tipo sobre sus ubicaciones a lo largo del reino. O por lo menos esas eran las historias que contaban las historias de los buhoneros que pasaban por su pueblo y que además de traer utensilios de cocina, ropa o remedios medicinales entretenían a la gente con los cuentos del camino. Como pertrechos además de la espada de sangre tenía también una espada de acero, un escudo de madera de roble forrado de cuero y tachonado de latón, una lanza de álamo, un arco y un carcaj con veinte flechas. Estábamos pasando por bosque, yo llevaba un carromato mientras el titular estaba en otro hablando del balance de ventas que habían conseguido en la aldea. La caravana estaba compuesta por cinco carromatos, yo solía ir en una mula acompañando al primer carromato. En este momento me encontraba en medio de la caravana y tenía a la mula atada al carro. Íbamos por un camino estrecho, el bosque no era muy frondoso pero sería complicadísimo ir campo a través. A un centenar de metros por delante de nosotros, tras la última curva que habíamos tomado había un árbol que nos impedía el paso. Paramos y yo me acerqué junto con los dos jerifaltes de la caravana haber que podíamos hacer para sortear el árbol y continuar camino. El árbol era grande y parecía que había sido movido a propósito hasta allí para impedir el paso. Si desenganchábamos un par de caballos posiblemente lo moveríamos. Yo llevaba la espada porque a la luz de las nuevas informaciones y quería estudiarla más detenidamente, si esto era posible después de tantos años. Cuando nos disponíamos a volver para traer a las bestias que quitaran el árbol unos embozados aparecieron en la parte de atrás de la caravana, serían no más de una decena…

continuará... 

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