Huida
No lograba quitarme la cara de mi cabeza, estaba retozando con bella mujer entre mis brazos y la cara de ese tío me anegaba los pensamientos. Le dí un beso en los labios y me dirigí l cuarto de baño a darme una ducha. Justo cuando abría la mampara para salir de la ducha me vino a la mente la identificación. Anoche lo había visto además de en el bar donde nos tomamos el refrigerio de madrugada antes de acostarnos, en el restaurante y en el primer pub al que fuimos. No podía ser una coincidencia. Cuando supiera la chica lo que iba a hacer con ella lo mínimo que haría conmigo es dejarme. Por su bien y por el mío espero que no se entere.
-¿Conoces algo de la ciudad?
-No, solo lo que vimos anoche, ¿porque? vas a hacerme de guía. –dijo ella confiada.
-Por desgracia me han llamado y hasta última hora de la mañana no podré estar contigo. Ayer me dijiste que querías comprar unos libros, te daré las señas de una buena librería que conozco. Aunque primero deberías ir a una cafetería donde hacen unas cupcakes de morirte. Y sino pasa nada no veríamos en el restaurante del bar marítimo del que te hablé ayer, reservamos mesa y mientras se nos hace la hora de comer damos un paseo.
-Veo que lo tienes todo planeado.
-Es lo que iba hacer contigo pero dadas las circunstancias tendrás que hacerlo sola.
-Vale pero esta tarde no habrá nada de trabajo.
-De acuerdo.
Salí del hotel mientras ella aún estaba acicalándose. Antes de cruzar la calle ya tenía al perro pisándome los talones. No sé de quién sería amigo pero fue fácil darle esquinazo. Entonces cambiaron las tornas y fui yo quien lo siguió a él. Como había previsto volvió al hotel a seguir a mi chica. Tal como le había indicado mi chica siguió el itinerario trazado. Cuando entramos en la ciudad vieja, apreté el paso y me pegué más aún a él. Y cuando nos adentramos en el centro histórico con su maraña de callejuelas me abalancé sobre él. Esperé a que mi chica doblara una esquina y que no hubiera nadie para neutralizarlo…
0 comentarios