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Ediciones de la Ceniza

Animadversión

Soy fiel a mi mujer y no comparto para nada lo de tener concubinas. Como dijo un escritor español después de casarse una segunda vez cuando te casas es para siempre. Menos aún comparto lo de las concubinas cuando es también la de mi mujer. Quiero a mi mujer con locura. Sé que mi mujer no es excesivamente guapa pero sabe sacarse partido y lograr estar atractiva. Nunca jamás pensé en engañarla, hoy en día no se como lo pude hacer. He de decir que yo tampoco soy un apolo, soy más bien normalito. Y la chica protagonista de mi desliz es más bien guapa. Yo no realice ningún tipo de acercamiento hacia la chica por lo menos de manera activa. La chica es una compañera de la oficina donde trabajo. Cuando pasó lo nuestro llevaba poco tiempo en la empresa. La pusieron a trabajar bajo mi supervisión, yo intenté hacerle sus primeros días lo más agradables posibles y no imponerle ni presionarle hasta que viera que controlaba los mecanismos y procesos propios de su cargo. Incluso quedé con ella algún día tras el trabajo para conocerla mejor y ver como se iba adaptando a su trabajo y la empresa. Uno de esos días se derrumbo ante mi contándome sus incesantes fracasos sentimentales. Yo la consolé como pude. El desliz ocurrió en un curso de reciclaje de los programas informáticos que utilizamos. He de decir que entre mis defectos quizás el peor es mi afectación por las bebidas espirituosas. El curso se realizó en un hotel, tras el cual se efectuaría una comida. La comida se postergó hasta la noche y como mi mujer había quedado con las amigas accedí a ir con el resto que quedamos a tomarnos la última. De esa noche solo tengo recuerdos del día siguiente vomitando en casa de ella y maldiciéndome. Cuando se me pasó la resaca comenzaron los remordimientos.  Sabía que tenía que contárselo a mi mujer pero no sabía como. Fui directamente al meollo sin paños calientes y se lo conté todo. Primero incredulidad luego suspicacias por último amenazas. Y de repente me dijo que quería conocerla. Pero a solas, yo me temí lo peor. Se lo pedí y ella no tuvo reparos en la cita, incluso me dijo que ella aceptaría toda la responsabilidad del acto. El encuentro fue en un bar. Yo quería haber asistido de incógnito pero si me pillaba se podrían empeorar las cosas así que me quedé en casa hecho un mar de nervios. Mi mujer volvió a las tres horas alegre y sin contarme nada. Al día siguiente me relató lo sucedido. Se había acostado con ella. Me dijo que podía seguir con ella ya que le había gustado la experiencia y quería seguir con ella. Así que ahora tengo a dos mujeres, eso si mi mujer me dijo que no habrían tríos, donde quien mejor lo llevan son ellas. Yo con mi mujer sigo igual que antes del desliz aún no me explico como he salido de este embrollo para meterme en un mayor.

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