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Ediciones de la Ceniza

Inspiración (corresponde al día 8/5/2013)

La maquina de escribir sonaba sin cesar. Volvía a estar en forma. Tecleaba sin parar como las otras veces, una vez encontrada una veta no paraba hasta esquilmarla. En esta ocasión se trataba de un texto de ciencia ficción. Había consumido tres cafés y se sentía despejado. La Olivetti que había comprado hacía cuatro años había sido con mucho su mejor inversión. En aquel entonces solo le quedaban cien euros. Fue a una casa de empeño a haber si podía sacar algo de dinero por una vieja figurilla que le había regalado su madre y de la que siempre se jactaba valía cara. Varias personas formaban la cola de empeños. Tomó la vez pero dejó la cola para curiosear entre los objetos que poblaban la casa. Los había de todo tipo más grandes y más pequeños, viejos y nuevos, caros y baratos, usados y casi nuevos, limpios y sucios. Sin tocar nada estuvo pululando de un objeto otro. Hasta que encima de una mesita auxiliar vio una maquina de escribir polvorienta. Enseguida se sintió atraída por ella, no sabía porque pero algo le decía que aquella maquina de escribir le podría ayudar en su infausta intención de ser escritor. Buscó el precio ochenta euros. Si la compraba apenas le quedarían veinte euros para pasar el mes que acababa de empezar. Se decidió en tan siquiera unos segundos de sopesar el riesgo. La cogió y se la llevó al mostrador. Junto con la maquina le regalaron la funda de plástico. Había quedado tan absorto y prendado por la maquina y que había olvidado  de la figurilla que llevaba en la mochila para empeñar. A lo mejor había sido la figurilla quien le había traído suerte tan su próxima salida de la familia. Al día siguiente recibió un encargo de realizar un relato para la contraportada de una revista literaria. No cobró nada por el pero parecía que anunciaba un nuevo comienzo. Le podría servir, cuanto menos de lanzadera para darse a conocer. Solo tenía dos días para entregar el relato. Pasó la noche en vela para terminar el relato lo antes posible. Además tenía una entrevista de trabajo para un restaurante de comida rápida al día siguiente a primera hora y después de comer tenía que asistir a un curso de escritura creativa. Después de ese relato llegó otro remunerado. Después un relato más largo para una antología de jóvenes escritores. Entre unas cosas y otras iba escribiendo su propio libro. Siguieron más relatos, columnas o artículos en todo tipo de revistas y periódicos.

De repente alguien llamó a la puerta con golpes. El abrió intrigado pues no esperaba a nadie. Una señora con rulos en la cabeza.

- ¿Oiga joven no podría teclear más flojo?, es que no deja dormir a mi marido.

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