Oritum 2ª parte
Llegamos a una pequeña aldea. Yo no iba vestido como soldado ni llevaba a la vista la espada. Simulaba que era uno más de los comerciantes o de sus lacayos. Ayudé a descargar el género y a montar los puestos. Estuve un rato apoyado en un carromato observando a la gente por si hubiera alguien peligroso. Una vez comprobado que la situación era normal y no había ningún peligro, los dejé y dí una vuelta por la aldea. Metí la espada de sangre en un saco para no llevar a equivoco. La aldea era apenas un centenar de casa de piedra arracimadas en la ladera de un monte. No esperaba encontrar a nadie que pudiera ayudarme pero decidí probar suerte. Había una bruja que no estaba en ese momento en su casa porque había salido a recolectar unas hierbas. La aldea tenia además herrero. Me dirigí a él sin muchas esperanzas. Por lo menos podría quitarle la herrumbre que la cubría. La hoja estaba cubierta por una capa verde como de moho. Él había intentado limpiar restregándola con estropajo de esparto, poniéndola al rojo vivo. Todo había resultado infructuoso. A lo mejor un profesional sabía como ponerla a punto incluso podría sacarle filo. Siempre el filo había sido romo. Se estaba cansando de esperar a encontrar quien le ayudara y a lo mejor había que hacerlo como se había hecho toda la vida. El herrero si estaba en su herrería. Le dije que tenía algo que mostrarle, haber si podía ayudarme. Me dijo que haría lo que pudiera. Le enseñé la espada. Me dijo que hacia mucho tiempo que no veía una, se llamaba Oritum. Era una espada de sangre y no había manera de forjarla porque no sabía de que tipo de metal estaba fabricada. Me ofreció mucho dinero por comprarla incluso hubo un momento en que pensé que tendría que pelearme con él para que me la devolviera. Le pregunté si podría informarme de algo más. Me dijo que según cuentan las leyendas de antaño para “activarla” habría que realizar un ritual que conocían muy pocos. Tendría que buscar a un taumaturgo de la escuela de Darío. Le pregunté si conocía alguno. Me dijo que quedaban muy pocos y no se sabían donde vivían. Fueron muy poderosos en otras épocas pero después del gran concilio se les puso en busca y captura. Ellos desaparecieron, se desperdigaron por todo el país. Algunos siguieron practicando su magia en secreto ayudando a la gente. Por fin tenía una pista.
continuará...
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