Oritum
Era la época de la penumbra. Era la época de sangra y acero. Era la época del embrujo.
A pesar de ser una pesada carga en muchas ocasiones algo en su interior le decía que en su momento cobraría vida. Era una espada de sangre, forjada con metal desconocido y poseedora de vida. Ahora se encontraba dormida pero un autentico guerrero podría devolverla a la vida. Estaba labrada con bellos dibujos de animales. Contaban que cuando estaba dormida podía pesar hasta un quintal y no cortar ni la mantequilla pero cuando un guerrero lograba hacerla suya se convertía en liviana como vilano del cardo y podía cortar hasta las piedras. Se había unido a un grupo de vendedores nómadas con la esperanza de encontrar alguien que le pudiera enseñar como despertarla. En tiempos antiguos se decía que fueron forjadas ocho para la guardia de la Reina Águeda. Él que llevaba muchos años viajando no conocía la existencia de ninguna más. Encontró la suya en lo alto de un árbol, en el bosque que había cerca de su casa. Él era bueno trepando a los árboles y un día que se había peleado con sus amigos, cuando tenía diez años, se escondió en el corazón del bosque subiéndose a lo alto de un gran árbol. Allí la encontró colgando de una rama, metida en su funda de cuero, intacta. Cuando se la enseñó a sus padres, un leñador y una lechera, no le dieron la mayor importancia, Eso si le pusieron una condición para poder quedársela, no sacarla de casa hasta que fuera mayor de edad. Fue el clérigo del pueblo el que le contó cosas y le puso sobre el camino de lo que podía ser. En una ocasión que acompañó a su padre a la capital del valle, se acercó al maestro armero. Consultó El libro de los Blasones y le contó todo lo que hasta ahora sabe. Por un tiempo la tuvo olvidada. Cuando se hizo mayor de edad entró en la milicia del reino, quería vivir aventuras y ganar algo de dinero y ese era el modo más rápido de hacerlo. Después de licenciarse se incorporó a la milicia del valle de las Cárcavas. Allí le abrieron los ojos a otra realidad. Los milicianos se convertían en seres sedentarios y panchudos. Muchos de ellos se aprovechaban de su posición para incumplir la ley. Las aventuras que quisiera vivir tendrían que ser las que leyera en los libros. Tras cumplir con el sexenio obligatorio, se liberó de la milicia y retomo su interés por la espada de sangre. Se hizo mercenario al servicio de los mercantes nómadas y de paso buscó conocimiento sobre la espada por todo el país preguntando a clérigos, armeros, alquimistas incluso a nigromantes.
continuará...
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