Oritum 6ª parte (corresponde al día 29/5/2013)
Estuvo dando vueltas sin parar. Pidió ayuda a los lugareños para que le indicaran donde podría encontrar al alquimista. Después de callejear durante un par de horas lo encontró. Vivía en choza de paredes de piedra y techo de paja. Se encontraba en las afueras del pueblo. Tenía una chimenea de la que salía una espesa humareda blanca. En el exterior había un carromato pequeño que podía llevar un hombre y un par de árboles. En la fachada había colgadas unas hierbas. Llamé a la puerta con los nudillos y di un grito. Del interior me anunciaron que ya salían. Cuando hablaban de alquimistas siempre me venía a la mente a un señor anciano, enjuto, de pelo y barba largos y grises, con una túnica hasta los tobillos y acompañado de un cayado. Lo que apareció fue algo totalmente distinto. Era de mediana edad, pelo más bien corto, barba rala ambos castaños, regordete, con pantalones y blusón de color marrón. Me preguntó que quería. Le enseñé la espada de sangre. Me dijo que pasáramos al interior, que estaríamos mejor. El interior estaba repleto de utensilios y tarros llenos de sustancias de las más diversas clases. En el hogar había una marmita con un líquido hirviendo. El mobiliario estaba compuesto por un camastro, una mesa central redonda con tres sillas, un armario y un banco donde realizaba parte de la alquimia. Tan solo contaba cuatro pequeñas ventanas que apenas dejaban pasar la luz. La iluminación se completaba con una gran vela situada encima de la mesa y otra en el banco. Llevó la espada a la luz. Estuvo mirando detenidamente los grabados. Le verificó que la espada de sangre era auténtica. Según le contó tras la primera remesa habían hecho otra remesa de falsificaciones. Le dijo que él sabía cómo se realizaba el ritual para despertar la espada. Pero había un problema, no se podía realizar hasta la luna llena. Él dijo que no estarían tanto tiempo allí. Le pidió que le contara como tenía que realizar el ritual y ya se las arreglaría él para ejecutarlo la próxima luna llena. El ritual entrañaba un grave peligro ya que debía derramar su sangre en la espada. Mucha sangre. Así que a su lado tenía que tener un galeno a su lado. Le dijo que no se preocupara. Accedió a cambio de un cuantioso pago. Se lo escribió todo en un pergamino. Había hecho un gran avance.
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