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Ediciones de la Ceniza

Complacencia

El ruido de la lluvia me despierta diez minutos de que suene el despertador. A mi lado Arya sigue dormida. Apago el despertador antes de que suene.  Cojo la ropa con que me voy a vestir de la silla que hay a mi lado de la cama. De puntillas me meto en el cuarto de baño. Me doy un baño rápido y me vestido.  Recojo la bolsa bandolera, el abrigo de paño y la gorra de lana. Antes de marcharme doy un beso en la frente a Arya, ella entre sueños me despide. Me quedo mirándola antes de irme. Decía Máximo Valverde que después de ver dormir a Amparo Muñoz ya se podía morir tranquilo. Yo haría también mía esa frase.  A pesar de vivir en un tercero bajé por las escaleras como hacía siempre que podía así haría empezase a carburar. Sino fuese por la lluvia cogería mi Vespa PX125 pero dado el caso y recordando el parte meteorológico que nos avisaba que las nubes no nos dejarían en todo el día opté por coger el New Beetle. Pasé a comprar los diarios que habitualmente llevaba al café. Subí la persiana de La Lonja el café-librería que regentaba.  Bajé los taburetes de la barra, prendí las luces y encendí la cafetera. Coloqué los vasos y tazas que había dejado escurriendo la noche anterior en su estantería. Me tomé el primer café con leche del día leyendo la prensa. Cuando estaba apunto de empezar a leer Mundo Deportivo, llegó un mensajero con un paquete grande posiblemente una de las compras a peso de libros que había hecho semana pasada. Llevé el paquete a la parte interior donde teníamos situada la librería. A los diez minutos de irse el mensajero llegó Arya con su sempiterna sonrisa. Me dio un beso cándido en los labios, se hizo un café solo, cogió un periódico y se sentó a mi vera a leerlo. Los primeros clientes no llegaría hasta dentro de media hora pero a mi gustaba abrir el establecimiento con tiempo. La lluvia seguía callendo inclemente ojala continuara así todo el día…

 

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