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Ediciones de la Ceniza

Inconsciencia

Siempre he pensado que las mejores vivencias son las inesperadas o que surgen sin buscarlas.

Voy a contar una de las que mejor recuerdo. Era domingo noche, mis amigos y yo volvíamos de ver un partido de futbol de nuestro equipo en el pub que habitualmente frecuentamos. Íbamos un poco tocados porque nuestro equipo había ganado goleando y nosotros lo habíamos celebrado a lo grande. Del grupo de ocho que nos habíamos juntado para ver el futbol solo quedábamos cuatro. Estuvimos hablando un rato en la puerta de mi casa que estaba de camino a las casas del resto. Cuando me cansé me despedí y los dejé discutiendo en la calle. Pensaba en darme una ducha para refrescarme y rebajar el alcohol y leer un rato antes de irme a la cama. Eran las once. Sin embargo cuando entré en casa mi padre me dijo si le metía yo el coche que él iba ya en pijama. Daría una vuelta con los amigos por el pueblo antes de guardarlo, el alcohol me subía la euforia y nublaba el raciocinio. Salí rápidamente a la calle a ver si mis amigos estaban aún. Seguían discutiendo pero ahora se encontraban a cincuenta metros de mi casa. Les dí un grito para que se volvieran. Les dije si les apetecía dar una vuelta en el coche de mi padre. Todos aceptaron sin dudarlo éramos unos veinteañeros sin obligaciones, solo teníamos los exámenes al final de la semana. El coche no lo guardaba en casa sino en un viejo almacén propiedad de mi abuelo. Al subir al coche nos esperaba una sorpresa a mi padre se le había caído un billete de diez mil pesetas en el asiento. Estábamos a finales de los noventa. Yo tenía cierto desapego al dinero se era para compartirlo con los amigos. Les propuse gastarlo a mis amigos en un pub de un pueblo vecino donde íbamos cuando nos cansábamos de los establecimientos locales. Todos accedieron sin miramientos. Recuerdo llegar al pub, los dos primeros cubatas y que nos pusimos a hablar con un grupo de chicas muy monas que en otro estado solo nos hubiéramos atrevido a mirar. Luego solo me vienen retazos sueltos de lo que debió suceder. Estuve besando a una chica que creo se llamaba Sonia. Salimos corriendo porque apareció el novio, a unos de mis amigos con una brecha en una ceja. Yo saliendo a toda pastilla con el coche. A mi amigo con una bolsa de cubitos en la ceja que creo que sacamos de una gasolinera. Y poco más. Con el tiempo reconstruimos las lagunas que todos teníamos a base invenciones.

Por cierto el coche durmió en la calle.

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