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Ediciones de la Ceniza

Asi Escribía Yo en 1999

Mirada perdida en un infinito cercano. Vagabundo en su propia casa, sin destino ni casa. Solo miedo, todo parece extraño, cada sombra es un enorme obice que superar. Nada es igual a ayer; vuelve a mirar de nuevo su casa y no es la misma de anoche. Confusion desmedida, fantasmas imaginarios nacidos en una mente corrompida por los mas diversos pensamientos.

Más leña, para avivar los rescoldos de una hoguera preterita de calidas dimensiones. Un vaso de agua sirve de balsamo ante otro desafiante dia. Las manos temblorosas recogen un volumen de la excelsa biblioteca que regenta el salon, El pesado tomo es llevado con una fuerza inimaginable hasta la mesa situada frente a la ventana. Crayón es seducido por la idea de poder leer el libro, pero de su interior llega un pensamiento que llenandolo de miedo le hace desistir.

La enorme ventana esta resaltada tras un velo de gasa, la luz es leve y colorea la estancia con un variado surtido de grises. Crayon esta sentado detras de la mesa, el libro insuanante crece delante de sus ojos; a su espalda la ventana ilumina tenue su figura.

La biblioteca colmada de viejos y sabios libros, planatada ante él domina la eterea habitacion. De los viejos libros voces inmemoriables acompañan a Crayón irritandolo a la vez que lo acosan. Con su mano izquierda sujeta su cabeza, mientras sus ojos cerrados le dan la seguridad de la ignorancia y del desconocimiento planteado por su mente. El libro sigue ahí posado en la mesa delante de él. Rayando la incredulidad su debil pero quejumbrosa mano abre el libro unicamente pasando la tapa. Sus ojos abiertos muestran una terrible luz encendida, impropia de su fuerza, lentamente se va aplacando.Pasa otra pagina su debil y medrosa mano llevada por algun fuego preterito, un numero romano en la parte inferior izquierda indica que es la cuarta.

 

Escancia una añeja sidra, sacada de algun perdido y secreto compartimento de la mesa. De aquellos amplios cajones podria salir cualquier cosa. Su languida mano acerca el vaso a sus labios, toma un sorbo corto que paladea concienzudamente. Del dulce sabor extrae conocidas texturas olvidadas, matices sabrosos, sus papilas se recrean en placenteras imagenes ilegibles.

El torbellino de sensaciones, le da vitalidad a su apariencia enjuta y colorea su palida cara sonrojandola ligeramente. De la botella de sidra mana el brebaje que da fuerza a su vida; eso dicen sus ojos observadores con admiracion.

Pasa otra pagina con tremenda seguridad, el miedo de antaño va tornandose una arrogancia y valentia impropia de él.

Al pasar la pagina encuentra unos papeles. un viejo legajo de hojas de fino papel sujetos por un lazo de suave seda. Del legajo extrae una octavilla y lee:

 

“Bonitas flores en tumbas vacias,

dulce sabor a hiel,

y el aroma de tu presencia

en la fragancia de una rosa silvestre.

 

Mis manos rozan tus manos,

aprecio la esencia de un beso

contenido en tus labios.

 

Una lagrima ilumina mi cara

y tu no estas para secarla.

 

Mil vidas para encontrarte

cerveza amarga para no olvidarte

un latido de mi corazon para saberte cerca.”

 

El miedo vuelve a apoderarse de él, la paz de Crayón vuelve a palidecer, sus ojos esquivos a estar fjos siguen releyendo una y otra vez el pequeño poema.

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