Conmiseración
Otra húmeda y fría noche de patrulla. La inclemencia de la lluvia arrastra las motivaciones con el agua que me resbala por la cara. Debo estar ahí, no es mi destino ni mi misión pero sino soy yo no será nadie. Aun no entiendo como no lo ven. Todos los días desaparecen personas o mueren con extrañas marcas y circunstancias poco claras. La policía lo atribuye a animales o a situaciones anómalas inexplicables que no sé que cojones significan. Yo tuve la suerte de sobrevivir a uno de los ataques, cuando intenté explicárselo a los agentes que me asistieron se rieron de mi. Me tacharon de drogadicto, alcohólico, loco o iluminado. Regresé a mi casa humillado y cuestionándome lo vivido. Si la autoridad competente no se preocupaba porque habría yo de hacerlo. Decidí olvidarlo y para ayudar en el proceso pensé en utilizar la ayuda de una buena cogorza. Sin embargo cuando volví a ser atacado y milagrosamente sobreviví resolví investigar lo que sucedía. No eran imaginaciones mías, era algo tangible. Las conclusiones que saque fueron, que los ataques se habían producido por la noche, que quién lo había hecho tenía una fuerza sobre humana y que los incisivos estaban demasiado desarrollados. De todas maneras no necesité investigar más, desde entonces todos los ataques se centraron en mi persona. A partir de entonces me acompañé de una estaca afilada y colgué una cruz de mi cuello. También me hice aficionado a los ajos. Conseguí un arma de fuego y con dificultades logré aprender a usarla. Aunque no sea muy efectiva para acabar con ellos por lo menos sirve como disuasorio. Me di cuenta que solo atacaban en novilunio y al ser yo el objetivo principal no hubo necesidad de preocuparme por los demás. Planee un encuentro en superioridad. Necesitaba un lugar despejado para ver por donde vendría y a la vez con una cierta protección. Opté por esperarle en la plazuela de la pedanía. Sentado en la base de una cruz de piedra de tres metros y con una hoguera a mis pies. Como era de esperar apareció. Llevaba un gabán negro, la cara pálida y una sonrisa inquietante que mostraba los incisivos.
-No esperaba que te atrevieras a verme. – me dijo.
-Y porque no, al final me cansé de que fueras tú quien me visitara.
-Ahora que nos hemos encontrado, que va a pasar.
-Quiero saber porque quieres acabar conmigo.
-Porque tú eres mi sucesor…
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