La Venganza
La primera bala atrevesó limpiamente su pecho saliendo por el omoplato y dejando una herida sangrante. La segunda bala apenas se le llegó a incrustar levemente en el centro del esternón. La tercera bala chocó contra su frente, cayendo a sus pies sin haber dañado si quiera su piel.
-He cambiado, te lo habia advertido.
-No creo que hayas cambiado tanto como para derrotarme.
-Pruebame.
El agresor se lanzó en un rapido movimiento contra el agredido, empuñando una daga en su mano izquierda. El agredido interpuso la palma de su mano como única protección, extendiendo el brazo hacia el agresor. La daga no le llegó siquiera a rasgar la piel. El agresor huyó despavorido.
Con una mirada de tristeza el agredido despidió al huido, sabiendo que todo habia cambiado.
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